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martes, 21 de diciembre de 2010

TUMORES DE MAMA EN PERRAS

Perros
Los tumores de mamas son unos de los más frecuentes en las perras.



TUMORES MAMARIOS EN CANINOS
Los tumores de mama en las perras se ubican, según de qué país se trate, entre el primero y el segundo lugar en cantidad de casos de cáncer.

Hasta el momento no se ha podido demostrar que ninguna raza tenga mayor o menor predisposición a padecerlos. Sí aumenta la incidencia con la edad, siendo muy raros en perras menores de 5 años y con una incidencia máxima a partir de los 7 años.


No hay una causa definida para la aparición de tumores, pero sí se conocen factores que favorecen su desarrollo. Uno de ellos es el uso repetido de hormonas (anticonceptivos) para alterar los ciclos normales de las perras, y otro es el fenómeno de la pseudopreñez o embarazo psicologico. Las perras que sufren de este desbalance hormonal durante su vida tienen una excesiva estimulación de progestágenos y reiteradas retenciones de leche en sus mamas, lo que favorecería la aparición de tumores en la edad madura.


Lo que sí se ha establecido con certeza es la conveniencia de esterilizar a las hembras antes de su primer celo. Este procedimiento disminuye casi en un 90% la posibilidad de tener tumores de mama. Cuando se realiza entre el primer y el segundo celo la efectividad disminuye un poco, y después de los dos años ya no presenta ninguna diferencia significativa con las perras enteras. Este beneficio se debe a que un 80% de los tumores mamarios son hormono-dependientes, es decir que tienen receptores para hormonas, ya sean estrógenos o progestágenos, y su formación y crecimiento dependen de la actividad de estas sustancias. En las perras esterilizadas antes del primer celo, el tejido mamario no ha estado nunca expuesto a estas hormonas y por eso no pueden desarrollarse este tipo de tumores. El 20% restante son los tumores que no dependen de hormonas.


La mejor forma de prevención, aparte de la esterilización mencionada, es la detección temprana de los tumores. Cuando vas cada año a vacunar a tu mascota el veterinario hace una revisión completa del animal, y una de las cosas que se fija es en las mamas. Revisa una por una con los dedos buscando algún bulto, por más pequeño que sea. Tú también puedes hacer esto de vez en cunado mientras la acaricias o la bañas, y si encuentras algo que te parezca anormal ve en seguida a consultarlo con tu veterinario. Las perras con tumores de mamas no se sienten mal ni dejan de comer ni se ven decaídas, salvo en el caso de los carcinomas inflamatorios, así que no esperes ver nada de esto.


Los tumores pueden presentarse en cualquier mama, pero los dos últimos pares (INGUINALES) son los más afectados. En la mayoría de los casos hay más de una mama involucrada, que pueden estar o no del mismo lado. El tamaño es muy variable, pudiendo medir desde unos pocos milímetros hasta más de 15 cm de diámetro, y no se puede predecir la malignidad de la enfermedad basándose solo en el tamaño que presenta el nódulo. Cuando se detecta uno, es importante extirparlo lo antes posible por más pequeño que sea, ya que esperar a ver como evoluciona puede dar tiempo a la aparición de metástasis en pulmones y huesos en caso de que sea maligno.


Se habla de tumores benignos cuando no tienen la capacidad de formar metástasis. No hay manera de saber por el aspecto a simple vista del tumor si éste es maligno o benigno, salvo en un tipo especial llamado carcinoma inflamatorio que es muy agresivo, maligno y doloroso y no da tiempo a ningún tipo de tratamiento. Algunos pueden presentar úlceras, y aunque esto no es un signo favorable, no necesariamente indica malignidad. Estas pueden producirse por roce con el suelo o por rascado, o por una gran agresividad local, pero sin que por eso se disemine la enfermedad.



El tratamiento de elección y el más efectivo es la cirugía. Generalmente el veterinario pedirá algunos exámenes previos. Es importante realizar un análisis de sangre, radiografías de tórax para detectar la presencia de metástasis pulmonares o una ecografía para ver el hígado y demás órganos abdominales. Si lo considera  necesario también pedirá un electrocardiograma para determinar el riesgo quirúrgico, ya que casi siempre se trata de pacientes de edad avanzada. También revisará los ganglios linfáticos que drenan las mamas para ver si están afectados al tacto, pues esto cambia mucho la gravedad de la enfermedad.





En los perros no se justifica tomar biopsias, ya que dos nódulos en el mismo paciente pueden ser de distinto tipo y en general cuando se decide anestesiar al animal se sacan los nódulos completos al mismo tiempo. El veterinario determinará si también extirpará ganglios, otras mamas de la misma cadena o las dos cadenas completas. Una vez terminada la cirugía se toman muestras del tumor y se hacen análisis histopatológicos
para determinar si la cirugía ha sido curativa o se debe hacer algún otro tratamiento paliativo, como la quimioterapia.
SIEMPRE HAY QUE HACER RADIOGRAFIAS DE TORAX PARA EVALUAR SI HAY METASTASIS O NO


Existen otras alternativas de tratamiento como la homeopatía y la inmunoterapia. En el caso de los tumores mamarios la cirugía es muy efectiva y es el tratamiento de elección, pero se puede combinar con alguna de estas otras formas para mejorar el estado general o la tendencia de un paciente a generar tumores. En el caso de que no pueda operarse por el tipo de tumor o por ser un paciente con alto riesgo, estas terapias cobran mucho valor para mejorar la calidad de vida y a veces prolongar la sobrevida de una mascota.

domingo, 17 de octubre de 2010

FeLiZ DiA a todas las viejas locas !








Tambien ...A LAS QUE AUN NO LO SON Y A LAS QUE LO SON PERO TODAVIA NO LO SABEN!!


Las madres de las orcas y los delfines permanecen despiertas constantemente durante los primeros meses de vida de su cría. Aún hay cuidados más delicados, como el que brinda la madre morsa a su recién nacido, al bañarlo exhaustivamente con el equivalente animal a besos y abrazos. Y ahí están los cocodrilos. Si uno piensa en ellos, jamás le vendría a la mente la idea de ternura. Pero transportan a sus crías recién salidas del huevo hasta el agua en las mandíbulas plagadas de dientes, que les sirven de urna infranqueable para protegerlas de los depredadores terrestres. Y continúan haciéndolo durante el primer año de vida.
Los humanos hemos convertido el cuidado materno en regla moral, social, religiosa y hasta legal. Para los cocodrilos y los pulpos, las razones son otras. Las “pulpas” vigilan y abanican a sus entre 50 y 200.000 huevos durante 40 días, y no se alejan de ellos ni para alimentarse. Cuando los pequeños eclosionan, ellas, agotadas y expuestas a depredadores, mueren al poco tiempo.

El gen egoísta vs las madres
Existe una tendencia evolutiva que explica el porqué y el cómo de los cuidados de las crías mediante dos posturas diferentes. Una considera los cuidados parentales un comportamiento evolucionado para beneficiar a la especie, ya que promueve la supervivencia de la siguiente generación a costa de la presente. Y la otra dice que el cuidado parental ha evolucionado porque maximiza el egoísmo genético de los padres; o sea, los compele a propagar sus propios genes.
Esta es la tesis que defienden los biólogos Mart Gross y Craig Sargent desde 1985. Antes, en 1981, John L. Gittleman explicó que los cuidados parentales tienen un único propósito: la supervivencia de las crías para garantizar la superviviencia de la especie. Pero esto tiene algunos costos, según Gittleman: la propia supervivencia de los adultos, su futura fertilidad y la posibilidad de volver a aparearse para tener otra camada.
Estos tres biólogos sentaron las bases de lo que hoy acepta la biología evolutiva. En las primeras especies, según apuntan, no existían cuidados parentales, como ocurre hoy en día en la mayor parte de las especies de peces. Desde allí habrían evolucionado hacia los cuidados proporcionados por los machos, el segundo modelo más frecuente en la naturaleza.
El siguiente paso evolutivo fue el cuidado de las crías por ambos padres, sobre todo cuando la nidada es más vulnerable. El comportamiento más reciente sería el cuidado exclusivamente materno, que pudo originarse por la deserción de los machos ante cambios ambientales. El padre se marchaba buscando un lugar más apropiado para su desarrollo, y la cría quedaba al auspicio de la hembra.
La norma actual suele ser que en las especies monógamas el cuidado corre casi en igual proporción a cargo del padre y de la madre. Es el caso del 90 por ciento de las especies de aves. Pero en la mayoría de los mamíferos predomina la relación polígama entre los sexos: un solo macho se aparea con muchas hembras. En estos casos es la madre quien se ocupa sola de las crías.




Con el padre ausente
Justamente los mamíferos presentan las hembras más madrazas. En el 91% de los géneros la madre es la única que trabaja en la crianza, y por lo general, sus hijos permanecen con ella durante años. Llegan al mundo tan desvalidos que necesitan sus cuidados para sobrevivir. Casi todas las mamíferas gestan a sus crías en el útero, con excepción de dos familias de monotremas, mamíferos muy primitivos que ponen huevos y dan leche a los pequeños a través de unos campos mamarios a ambos lados del abdomen. Los más conocidos son los ornitorrincos.
En otras mamíferas extrañas, las marsupiales, la cría sale del útero a las cuatro semanas de gestación. Aún sin ojos ni oídos, se desplaza a una bolsa del vientre materno donde está la glándula mamaria y donde completarán gran parte de su crecimiento.
Una de las costumbres más curiosas de ciertos mamíferos es la llamada implantación diferida, con la que retardan la implantación del óvulo en el útero si las condiciones ambientales no son las adecuadas para la gestación. Así, cuando una hembra marsupial se queda preñada mientras aún lleva una cría en la bolsa, puede dejar el óvulo fecundado en una diapausa embrionaria hasta 17 meses. Suele terminar cuando la primera cría es destetada. Aunque esta puede volver a la bolsa materna para dormir, la compartirá con su hermano.
Por su parte, las madres koalas inmunizan a sus hijos contra el veneno que los alimenta. Estos marsupiales digieren las venenosas hojas de eucalipto, su único alimento, gracias a las potentes bacterias de su estómago. Pero los bebés koalas nacen sin ellas, por lo que las madres los alimentan con leche y con su propio excremento, que contiene hojas sin digerir por completo y las bacterias que los ayudarán durante el resto de su vida.
Esa influencia a largo plazo también se da en los roedores, según descubrió el canadiense Ian Weaver en 2004. Al acicalar a su descendencia, la saliva de las madres pasa a través de la piel y activa unos genes reguladores de la respuesta al estrés. Como consecuencia, los ratoncillos acicalados son más tranquilos que los descuidados, lo que indica que los besos maternos los preparan para enfrentarse a su día a día.